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Negocios en la crisis alimentaria y la (¿intencionada?) ignorancia de sus verdaderas causas (Tlaxcala)

Vladislav Marjanović

(Traducido por  Javier Fernández Retenaga)

Crisis alimentaria, ¿Nueva historia?

Como una voz en el desierto

¿De dónde vienen esas voces que últimamente se oyen tan a menudo? ¿De gente perdida en el desierto? Nada de eso. Esta vez proceden de los medios de comunicación. Informan alarmados de la hambruna que asola África. Según las organizaciones internacionales, 11’5 millones de personas se encuentran amenazadas. Las noticias se acumulan: Somalia, Etiopía, Kenia, sequías, guerras, oleadas de desplazados… Las organizaciones humanitarias se movilizan. Hay voluntarios dispuestos a prestar ayuda, pero faltan los medios. El rico Occidente se empobrece y cada vez le cuesta más proporcionar ayuda. Sólo en EE.UU. 46’2 millones de personas viven por debajo del umbral de la pobreza. A Europa no le va mejor: Grecia está en bancarrota, Hungría también, les siguen Portugal, España, Irlanda e Italia, y después quizá incluso Francia. Cierto es que Alemania se mantiene a flote y que la pequeña Austria parece un oasis, pero en el horizonte aparecen ya indicios de estancamiento y recesión.

¿Llegarán también hasta nosotros las condiciones de vida de África? Si eso sucede, ¿se vendrá el mundo abajo? Según el famoso calendario maya esto sucederá el año que viene. ¿O quizás algo más tarde? Todo depende de los seres humanos, pues algo va mal en la sociedad. Pero ¿qué?

Se busca ansiosamente la respuesta. También aquí, en Austria. ¿Es este un signo de que, pese a todo, aumentan las esperanzas? A juzgar por la mesa redonda que tuvo lugar el 15 de septiembre en Viena, quizá la respuesta podría ser afirmativa. Estaba organizada nada menos que por el célebre Instituto Renner, del Partido Socialdemócrata de Austria (SPÖ), bajo el título: “Negocios en la crisis alimentaria. Los países fuente de materias primas, ¿un supermercado global?”. Si la institución que forma los cuadros del mayor –y aún en el gobierno– partido de Austria invita a un debate sobre un tema así formulado, seguro que no es por casualidad. Podría pensarse que el SPÖ ha experimentado una mutación ideológica. Se diría que ha abandonado su tradicional indulgencia con la patronal (vulgarmente, burguesía) y que este partido, involucrado en casi todos los escándalos de la II República austríaca y al que incluso los estudiantes le han espetado: “¿Quién os ha traicionado? ¡Los socialdemócratas?”, vuelve ahora a la senda marcada por su fundador, Víctor Adler. Ahora no se trata de los albañiles de la compañía “Wienenberger”, en la que Víctor Adler se introdujo furtivamente para dar a conocer las condiciones de semiesclavitud en que trabajaban. Esta vez se trata de poner fin a la creciente hambre que se cierne sobre el mundo.

Por tan noble propósito cabría esperar que personajes destacados del SPÖ al menos (nada diremos de los demás) contribuyeran con su presencia a dar realce al acto. Por desgracia no fue así. Y el distinguido Instituto Renner ni siquiera ofreció sus instalaciones, sino que trasladó el acto a un modesto hotel de las afueras. Los asistentes no fueron recibidos por el director o su representante, sino por un colaborador, el magistrado Sebastian Schulbach, que moderó el debate. Suficiente para un público que no era numeroso ni contaba con personajes destacados. Lo justo para un ambiente íntimo, que no obstante faltó. Los periodistas no acudieron en masa. En la sala sólo había una cámara para, según se anunció, preparar un programa de media hora acerca del acto que se emitiría, como así fue, el 22 de septiembre de 2011.

Un panorama estremecedor

Para tratarse de un tema de tal importancia, el ambiente en la sala no era muy alentador. Los participantes –Brigitte Reisinger de FIAN (Food First Information and Action Network) Austria; Roman Herre, de FIAN-Alemania; Jennifer Franco, del Transnational Institute, de Amsterdam; y Nyikaw Ochalla, de la Anuak Survival Organisation, de Etiopía–, especialistas en en el tema, mostraron una clara falta de dotes comunicativas. En lugar de ofrecer una exposición sugerente, capaz de sensibilizar a la audiencia sobre el dramático problema de la apropiación de tierras, y de reforzar la disposición de la gente a implicarse contra esta tendencia mediante sus apreciaciones personales, los ponentes se limitaron a presentar un frío informe oficial de los hechos. Su débil, nerviosa e incluso balbuceante voz reforzaba esta impresión. Casi daba la impresión de que los participantes se cuidaban de no traspasar determinados límites.

En todo caso, un vistazo a algunos de los detallados folletos de la organización FIAN daba pie a pensar que los participantes se limitaron a ofrecer un conciso resumen de su contenido, por desgracia con escaso talento. Y esto también, entre otras razones, porque el título del acto apenas se distinguía de un proyecto anterior de FIAN-Austria acerca del expolio de tierras. Este proyecto, aprobado en 2010, dotado con 30.000 euros y patrocinado por la Cooperación al Desarrollo austríaca, prevé las siguientes actividades: “Investigación, elaboración de perfiles de tres países, distribución de los mismos, sesiones informativas y talleres con periodistas y responsables políticos en torno a los resultados y la posterior evolución, y presentación de los perfiles en las jornadas fílmicas ‘Hambre, poder, lucro. IV’, en otoño de 2010”. Se trata, así pues, de un estudio académico y de la presentación de sus resultados. Nada más, pero tampoco nada menos.

En un estudio académico los hechos y las cifras hablan por sí mismas. En este caso son tan escalofriantes que su simple mención despierta la indignación de cualquiera que llegue a conocerlas. Roman Herre, de FIAN-Alemania, recordó que el expolio de tierras se ha convertido en un fenómeno global que, con la colaboración de los gobiernos nacionales, hasta el momento se ha cobrado 80 millones de hectáreas en todo el mundo. Nyikaw Ochalla, de la organización Anuak Survival, quien con anterioridad trabajó para el Ministerio de Exteriores etíope, mencionó que sólo en la fértil región de Gambela, donde viven 300.000 personas, se están arrendando 256.000 hectáreas de tierra. En Gambela hay presencia de inversores de 36 países y dos tercios de la tierra pertenecen ya a compañías indias, saudíes y de otras procedencias. Como hay tantas tierras de cultivo en manos de compañías extranjeras, la población local es expulsada de sus hogares. De ese modo, según Ochalla, la hambruna que asola Etiopía no es consecuencia sólo de la sequía, sino que ha sido provocada. Jennifer Franco, del Transnational Institute, con sede en Amsterdam, señaló que no se trata sólo de un expolio de tierras, sino también del agua, y que está surgiendo así una nueva forma de colonialismo. Añadió que la comunidad internacional no hace nada para evitarlo. Brigitte Reisinger, de FIAN-Austria culpó al Banco Mundial, que primero fomentó la desregulación de la legislación relativa a las inversiones y al suelo, y ahora trata de regular el expolio de tierras. Pero esas regulaciones no ofrecen protección contra los especuladores, observó Jeniffer Franco. Y si las regulaciones no sirven, ¿qué estrategias habrá que emplear para detener el expolio de tierras?, se preguntó Roman Herre. Su respuesta es que la sociedad civil debe alzar la voz con más fuerza. Recordó que, con motivo del Foro Social Mundial que tuvo lugar en Dakar, en febrero de 2010, y en el que también participó FIAN, 500 organizaciones firmaron un llamamiento que pedía poner fin a la apropiación de tierras. Según él, con ello por una parte se abrieron vías para el diálogo con los gobiernos y, por otra, se reforzó la conciencia de la necesidad de resistir. Según Roman Herre, esa resistencia consiguió la paralización de proyectos de apropiación de tierras en algunos países, de manera que la población local pudo regresar a sus campos.

¿Un paso en la dirección correcta?

¿Pero qué más ha de hacerse para impedir el expolio de tierras? Según Roman Herre, los derechos humanos deberían tener más peso en la jurisdicción internacional. FIAN solicita que los mercados agrarios globales se pongan bajo el control del Comité de Seguridad Alimentaria Mundial de la ONU, pues este dispone de mecanismos democráticos que permiten a los países del sur participar en las decisiones que afectan al destino de su propio suelo.

Para Roman Herre, ese es un paso en la dirección correcta. En otras palabras, la solución ha de situarse dentro del marco del sistema (neoliberal) dominante. Resulta también llamativo que, de los expoliadores, sólo se mencionaran por su nombre a algunas compañías agrarias indias y saudíes, mientras que en lo relativo a las europeas y estadounidenses sólo se hicieron referencias globales. Se habló de los cultivos para la producción de biocombustibles, pero no de cereales modificados genéticamente. No se planteó ninguna exigencia de que tales compañías, no digamos sus directivos, sean llevadas ante un tribunal penal internacional para responder por el genocidio que han provocado con el acaparamiento de tierras. Ni hablar de una postura en favor de la movilización contra el sistema que promueve tales desmanes sociales.

Es evidente que los participantes en el debate no querían llegar tan lejos al hablar de los negocios con el hambre. Poner en cuestión el orden mundial y pedir su sustitución por uno nuevo iría contra la ética científica, o, mejor dicho, la escolástica. En la Universidad se aprende que un trabajo científico serio no puede abandonar el terreno de los hechos y las cifras. La ciencia es neutral y también los científicos han de serlo a fin de no caer en el partidismo. Lo que la política haga con los resultados científicos no es asunto suyo.

Pero, aun cuando uno se atenga estrictamente al principio de neutralidad de la ciencia, ¿no se verá arrastrado al terreno de la política? Eso depende de los patrocinadores. Los que ponen el dinero dictan las reglas. La más elemental de ellas es que no se muerde la mano que da de comer. ¿Y quién sostiene la FIAN y el Transnational Institute? Para descubrirlo hay que investigar un poco.

Los que tiran de los hilos

FIAN ofrece al menos en las últimas páginas de sus informes anuales una lista de patrocinadores a los que esta institución agradece su apoyo. Junto a algunas fundaciones eclesiásticas, se encuentra ahí también la tristemente célebre Fundación Ford, que si bien patrocina iniciativas filantrópicas y a algunos medios alternativos estadounidenses, también está ligada a los servicios secretos de ese país (CIA) y al Consejo de Relaciones Exteriores (CFR). En la lista de patrocinadores de la FIAN está también presente la Fundación alemana Heinrich-Böll, una fundación verde, pero que hace muchos esfuerzos por asentar en el resto del mundo una democracia que siga el modelo neoliberal occidental. Ese fue de hecho el deseo de quien da nombre a la Fundación, el cual, como desveló un documental del canal franco-alemán ARTE emitido el 29 de noviembre de 2006, trabajó para varias organizaciones clandestinas de los servicios secretos estadounidenses.

El Transnational Institute tiene otra clase de patrocinadores: la Comisión Europea, la ONG holandesa OXFAM Novib, el Ministerio de Exteriores, el Open Society Institute suizo y, sobre todo, la Fundación Samuel Rubin. De todos estos paladines del orden mundial neoliberal, la última tiene particular interés, ya que su fundador, Samuel Rubin, fue un bolchevique ruso. Aunque Rubin se hizo rico con la adquisición de la compañía de perfumes Faberge, permaneció fiel a sus convicciones ideológicas. Por eso en EE.UU. se le tenía por un agente soviético que, a través del conocido Institute for Policy Studies (IPS), trabajaba en contra de los intereses estadounidenses. De hecho, el IPS, al cual debe su origen el Transnational Institute de Amsterdam, se ha pronunciado en favor de crear elementos correctivos frente a los “mercados sin freno y el individualismo”, contra la globalización e incluso ha condenado la intevención de la OTAN en la ex Yugoslavia. Pero en la lista de patrocinadores del IPS se encuentran, entre otros, la Fundación Ford, el Rockefeller Brothers Fund, la Tides Foundation y la Open Society del magnate George Soros. La que fue directora de la New World Foundation, Hillary Clinton, en los 80 apoyó a la IPS, y su marido, Bill Clinton, durante su mandato nombró asesores a dos miembros destacados del IPS: a Derek Shearer, para temas económicos, y a Anthony Lake, para cuestiones de seguridad nacional.

¿Están los EE.UU., y su Partido Demócrata en particular, tras la FIAN y el Transnational Institute? Por mucho que se quiera, es difícil interpretar los hechos de otra manera. El Partido Demócrata se encuentra de nuevo en el poder y, a la sombra del actual presidente Obama, el poderoso clan Clinton y sus aún más poderosos patrocinadores mueven los hilos tratando de cambiar el mundo en favor de sus intereses políticos y económicos, seduciendo para ello a las masas con consignas de carácter social. Al parecer, el SPÖ colabora discretamente en esta estrategia: cambiarlo todo para que nada cambie.

Los académicos y su responsabilidad social

Es posible que la FIAN y el Transnational Institute compartan tal planteamiento, pero esto no desmerece el valor documental de su trabajo. Esa gran labor será una mina sobre todo para los académicos, útil para describir la malograda evolución de nuestro tiempo. El estremecedor cuadro que de ahí surgirá podría servir para poner de relieve que el problema del hambre, la pobreza y las desigualdades sociales nunca podrá resolverse dentro del marco del orden social que los ha provocado. Para conseguirlo habrá que echarlo abajo, de manera que desde sus cenizas se pueda levantar un sistema más justo y humano. Precisamente los académicos, debido a sus conocimientos y a los resultados de sus investigaciones, tienen la obligación moral de mostrarlo, pues neutralidad científica no equivale en modo alguno a indiferencia social. Por desgracia, los participantes en la mesa redonda acerca de los negocios en la crisis alimentaria no llegaron tan lejos, o quizá no se atrevieron a hacerlo. Uno no muerde la mano que da de comer a las instituciones académicas o financia los proyectos. Consciente o inconscientemente, más que al conocimiento han prestado un servicio a sus patrocinadores, quienes con tales estudios persiguen algo más que objetivos filantrópicos. Y así concluyó el acto como las misas dominicales, con un “Podéis ir en paz…” hasta el buffet que estaba preparado en la entrada, y hasta la próxima.

Comentarios

17,octubre,2011 | 13:41 pm
Analdo Herretes dijo:

ESTE TEMA DA EN VERDAD DOLOR Y A LA VES RABIA, FURIA E IRRITACION, INDIGNACION…HACE MAS DE 50 AÑOS VENGO ESCUCHANDO AL MUNDO HABLAR DE POBREZA…PERO ? NADIE DA EL PRIMER PASO PARA DERROTARLA, ESTAN MAS PENDIENTE DE ACABAR LA RAZA HUMANA, DE ENVIAR A PELIAR HERMANOS Y MATAR A SUS “ENEMIGOS” ¿CUALES ENEMIGOS?..

Las grandes potencias y paises con economias flexibles pueden facimente acabar con este flajelo que mata a miles y miles de personas… pues dejen de compras armas, bomba o cualquier tipo de material belico, entreguen comidas, terrenos para el cultivo con asesoramiento, medicinas, lleven medicos; aunque sabemos que hay milies de Cubanos ofreciendo este servicio por todo el mundo, NECESITAMOS MAS AYUDA, MAS HUMANIDAD.
Voy a morir y no quiero ver el mundo igual, debe haber un cambio y debe comenzar de adentro, como en mi Venezuela Bolivariana.

25,octubre,2011 | 12:27 pm
Mariana dijo:

El gran negocio en la crisis alimentaria lo tienen los importadores de los productos que el Gobierno le distribuye al pueblo Comprando afuera y en dolares hasta 10 veces por encima de lo que costaria comprarlo en el nmecado local, lo que estan haciendo es destrozando el aparato productivo nacional y llenandose los bolsillos ellos beneficiando a uno que otro proveedor extranjero que a final de cuentas lo unico que hace es pescar en rio revuelto.

 

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