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“El fin de la hegemonía alemana” (Presseurop español)

En la cumbre extraordinaria de ayer por la noche había algo distinto con respecto a lo que hemos conocido en los últimos dos años: no había ninguna “línea directriz” preparada unas horas antes por la canciller alemana Merkel y el presidente francés. François Hollande no ha seguido la “tradición” de Nicolas Sarkozy. Su “bautismo de fuego” en Bruselas se produjo “directamente” y no a través de Berlín.

Esta cumbre también ha presentado otra particularidad. Por primera vez desde hace mucho tiempo, Alemania tenía que enfrentarse a un orden del día que no había dictado: el de las cuestiones relacionadas con el crecimiento. Puede que no se haya tomado ninguna decisión el miércoles por la noche, pero una cosa sí está clara: Europa pone en tela de juicio la hegemonía alemana. Y Berlín es totalmente consciente de ello: los dirigentes alemanes sienten que han sido destronados…

La dominación de Alemania se enfrenta a una oposición activa. Y eso afecta directamente a Grecia. Ayer, antes del inicio de la cumbre, el Banco Federal Alemán desveló públicamente un informe en el que se indicaba que ya no debía realizarse ningún gesto hacia Grecia. Y que si quebraba, sería una forma de “acabar con esta historia”… En ese mismo momento, François Hollande reafirmaba su apoyo y su confianza en el país y en el pueblo griego.

Ya nadie apoya la política de Angela Merkel

No obstante, el nuevo equilibrio europeo que está tomando forma en este momento se resume en las conclusiones de la cumbre: “actuaremos de modo que se movilicen los fondos europeos y todos los medios para situar a Grecia en la senda del crecimiento y de la creación de empleo”.

La hegemonía alemana en Europa llega a su fin. Tal y como destaca gran parte de la prensa alemana desde ayer, Angela Merkel se encuentra más aislada que nunca ante sus socios y no sólo ante ellos. En realidad, su política ya no cuenta con ningún aliado. Desde una serie de organizaciones internacionales en Estados Unidos, pasando por París y Madrid, ya nadie la defiende.

¿Qué harán los alemanes? ¿Olvidarse de todo y adaptarse a la nueva realidad, como si no hubiera ocurrido nada? En absoluto. Lucharán y además bastante. Poseen la voluntad y el poder. Pero ya no están solos al mando. Ya no son ellos solos los que tienen que dictar la política que debemos adoptar. Esto genera grandes esperanzas para Europa y sobre todo para Grecia.

Grecia vislumbra el final del túnel

Para nuestro país, las circunstancias han cambiado radicalmente en los últimos tiempos. Grecia ahora tiene la posibilidad de luchar para reivindicar un futuro mejor. Como es evidente, deberá cumplir sus promesas, como señala la gran mayoría de nuestros socios. Es una realidad. Pero hace un mes, nadie preveía lo que ocurrió ayer, ese nuevo equilibrio europeo. Los “compromisos” a los que se refieren todos, con toda la razón, ya no son un conjunto de dogmas herméticos que no se pueden modificar. El parámetro del “crecimiento” que se expone ahora cambia toda la situación.

Grecia puede basarse en eso para avanzar y hacer mucho más. Puede luchar, sencillamente porque estamos llegando al fin del rigor tras el que se escondía la política nacionalista alemana. Berlín ya no es nuestro único interlocutor… Ahora deberíamos empezar a mostrar resultados, por ejemplo, en las privatizaciones o en el sector energético. ¿Hasta qué punto es importante realizar esos avances, sobre todo en este momento?

El país sale del túnel de la desesperación al que le había empujado la hegemonía alemana. Pero debemos demostrar que creemos en nuestra capacidad de convertirnos en un auténtico Estado europeo que no desea vivir con muletas. Debemos hacer lo que sea absolutamente necesario para no morir, tanto en el interior como en el exterior de Europa. Y podemos hacerlo con más facilidad, ahora que está desapareciendo la situación de asfixia.

El fanatismo es el mayor enemigo

Hoy nuestro futuro está mucho más en nuestras manos que ayer. Es un buen augurio. Pero se necesita una política. Y la política es el arte de lo posible. Por consiguiente, el fanatismo es ahora el mayor enemigo. Y tenemos muchos fanáticos, de todas las corrientes políticas. ¿Qué podemos hacer para combatirlo? La primera observación que debemos hacer hoy es que la posición de Grecia estas últimas semanas, a pesar de lo que se haya dicho, ya ha mejorado.

Hay que aferrarse a ese rayo de luz que se intuye al final del túnel y luchar para cambiar nuestro destino. Ahora podemos hacerlo. Europa ya no es lo que era hace unas semanas. El contexto es diferente.

Por otra parte, este cambio es el resultado de la expresión de la voluntad de dos pueblos: el francés y el griego. Los franceses tenían la capacidad de desafiar al poder absoluto alemán, al que se había subyugado totalmente el expresidente, y lo han cambiado. Y los griegos han tenido las fuerzas de demostrar con su voto su descontento. Hoy, con la retirada de la todopoderosa Alemania, se vuelve a abrir la vía europea para Grecia. Vamos a demostrar que entendemos la situación y que luchamos para volver a conquistar nuestro futuro. En cualquier caso, todavía existen condiciones para poder hacerlo.

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