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Capital siria da imagen de recuperación (Prensa Latina)

Al caminar por la ciudad más antigua del mundo continuamente habitada, se aprecia en sus calles una sensación de calma, solo rota por aislados estallidos algunos días, indicadores de que fuerzas del Ejército Árabe Sirio aun baten a remanentes de las bandas armadas que intentaron crear el caos en esta capital.

Aunque estamos en el Ramadán, el mes de ayuno musulmán, la población sale de sus casas, algunos establecimientos comerciales están llenos de ávidos clientes que se apresuran a comprar cosas nuevas que mostrarán cuando termine esta etapa de purificación y limpieza del alma, según dicen algunos. Llama la atención al extraño que los centros de ventas de alimentos elaborados, en la mayoría de los casos, están cerrados o preparándose para abrir sus puertas más tarde, sobre las 15:00 horas local, cuando muchas personas acuden a comprar para saciar la sed y el hambre del ayuno diario que termina a la caída del sol.

Comercios de ropas, zapatos, ferreterías, frutas y otros, mantienen su actividad pero sobre las 19:00 hora la paz llega y muchos van a saciar el apetido aguzado por las horas de abstinencia.

En estos días de intenso verano, donde el sol parece ensañarse con quienes se atreven a caminar largos trechos, destaca que en la mayoría de las zonas, como el barrio de Mazzeh, en el oeste, no hay cortes eléctricos, y muchos refrescan la canícula con ventiladores y equipos de aire acondicionado.

El calor es un acompañante no deseado pero, en esta época del año, aquí y en toda Siria, las temperaturas se mantienen casi siempre sobre los 35 grados en horas del día, y en algunos casos sobrepasan los 40 grados centígrados, por lo que la población agradece los esfuerzos del Ministerio de Electricidad de mantener el fluido.

Las noches, menos calidas, son aprovechadas por muchos que poco a poco olvidan los días tensos de los ataques de los grupos armados, la mayoría de cuyos integrantes procedían del exterior, según comprobaron las autoridades al verificar entre las bajas enemigas durante los enfrentamientos después del día 18 de julio.

Damasco, con su habitual mezcla, donde confluyen cristianos, sunitas, alawitas, persas, asirios y kurdos, entre otros, recobra poco a poco el sentido de esplendor que es propio de una ciudad cuna de la civilización y de equilibrio confesional, algo no contemplado en los planes occidentales para destruir a la nación siria.

El estigma del terror poco a poco parece desaparecer en este pueblo, que ve en las actuales autoridades una mejor opción hacia reformas que otras, que promueven el extremismo confesional y que tratan de eliminar la tolerancia religiosa que caracteriza a Siria.

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