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Crece la deserción escolar en Italia (Página 12)

El año escolar y universitario, que está comenzando en Italia en estas semanas, se presenta como un nuevo desafío para las familias en estos momentos de crisis económica, por los notables gastos en materia de libros, inscripciones y materiales necesarios. A esto se agregan los aumentos de gas, luz, salud y otros servicios impuestos por el gobierno, que se harán palpables en estos meses y significarán como media, según la prensa italiana, un crecimiento del gasto familiar cercano a los 500 euros hasta fin de año.

En medio de un panorama educativo que paga el precio de la crisis, otro dato no menos preocupante surgió en estos días. Según el Istat (el Instituto de Estadísticas de Italia), uno de cada cinco estudiantes secundarios abandonó la escuela en 2010. Las regiones más afectadas fueron Sicilia (26 por ciento), la isla de Cerdeña (23,9 por ciento), Puglia (23,4 por ciento), Campania (la región a la que pertenece Nápoles, 23 por ciento). La deserción escolar prematura, es decir antes de haber obtenido el título secundario, alcanza en Italia al 18,8 por ciento de los inscriptos, contra el 12,9 por ciento de Francia y el 11,9 por ciento de Alemania. La media europea es 14,1 por ciento. Italia es superada en este sentido en Europa sólo por Malta (36,9 por ciento), Portugal (28,7 por ciento) y España (28,4 por ciento).

Por supuesto, la deserción escolar no se limita sólo a las regiones italianas mencionadas y es más pronunciada en los barrios periféricos de las grandes ciudades. El desamor por la escuela comienza en la adolescencia, con todos los problemas que esa edad acarrea, pero también es producto de la degradación social y la indigencia, dicen los expertos.

En Italia, la escuela es obligatoria hasta los 16 años y esto significa que a esa edad los chicos ya están cursando el secundario (aquí llamado Liceo), que terminarán a los 19. El Estado, teóricamente, puede obligar a las familias a enviar a sus hijos a la escuela hasta esa edad. Después no. Por lo cual no hay prácticamente ningún medio legal para perseguir la deserción. ¿Qué hacen los chicos cuando abandonan el colegio? ¿Trabajan por necesidad? Algunos sí, pero los analistas presumen que la mayor parte de ellos no lo hace, dado que en el país la desocupación juvenil alcanzó casi el 20 por ciento en el primer trimestre de 2012. Y esto es preocupante porque siendo sobre todo muchachos los que abandonan (22 por ciento de muchachos contra el 15 por ciento de chicas) y pertenecientes a sectores socioculturales no demasiado elevados, pueden transformarse en terreno fértil para tráficos varios, principalmente de droga, un modo veloz de ganar dinero.

Italia es uno de los países de Europa que menos destina a la educación, como demuestra la incidencia que los gastos en instrucción tienen en el Producto Interno Bruto (PIB). En 2009, según el Istat, ese gasto era igual al 4,8 por ciento del PIB contra una media europea del 5,6 por ciento. En Italia cerca del 45 por ciento de la población adulta posee sólo un título de la escuela secundaria, mientras que en Europa ese indicador llegaba al 27,3 por ciento en 2010.

Tal vez por todas estas razones y ante una situación alarmante que podría progresar a causa de las dificultades económicas de las familias, el Ministerio de Educación ha destinado unos 25 millones de euros de la Unión Europea y otros 75 millones puestos a disposición por el Ministerio del Interior, para una serie de proyectos tendientes a controlar la deserción escolar en las principales regiones afectadas. Pero para otros no se trata sólo de dinero. Problemas como la escasa orientación de parte de los profesores en cuanto a la elección del tipo de secundario (clásico, científico, lingüístico, etc.) hacen que los chicos elijan la escuela equivocada, sin ver la posibilidad de escuelas técnicas (industrial, musical, perito mercantil, moda, etc.) que les podrían ofrecer otras oportunidades.

Sin duda un factor que influye en la deserción escolar es la situación que vive el grupo familiar, tanto afectiva como económicamente, y en los tiempos que corren, con la desocupación que acosa, los bajos salarios y jubilaciones y los aumentos, las familias tienen muchas cosas importantes de qué preocuparse. Basta pensar lo que cuesta hoy inscribirse en la escuela secundaria pública y lo que cuestan los libros y el material escolar. Hablando sólo de escuelas públicas, las familias italianas tienen que pagar una tasa de inscripción que va de 50 a 200 euros, según los colegios, las regiones y el ingreso familiar. A eso hay que agregarle una tasa gubernativa y otra tasa de frecuencia que en total pueden sumar poco más o menos 30 euros. Pero las cuentas no acaban ahí. Hay que pensar en los libros y demás material necesario, un gasto que puede rondar los 300-700 euros, según los casos. Según Federconsumatori, una organización que defiende a los consumidores, este año un chico en el primer año del secundario deberá gastar unos 745 euros en libros, el 2 por ciento más que el año pasado, más unos 488 euros en todo el material necesario para cursar. Por suerte la crisis ha aguzado el ingenio de muchos chicos que han organizado ventas de libros usados a través de Facebook, mercados de usados en las mismas escuelas y compraventas por Internet. Existen desde hace años en muchas ciudades mercados oficialmente autorizados para vender libros usados que ellos mismos reciben de los estudiantes o de las escuelas.

Si se trata de gastos universitarios, la cuenta se va para arriba. Primero hay que aprobar el examen de ingreso, que cuesta de 50 a 120 euros y, una vez aprobado, habrá que pagar la inscripción anual que va de 360 a 2200 euros, según el ingreso familiar y las facultades. Y quien debe trasladarse a otra ciudad para estudiar deberá desembolsar como mínimo unos 5000 euros al año, sólo para pagar el alquiler de una habitación.

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