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El Sistema Binominal Chileno, un Atentado contra los Derechos Humanos (Diario red digital)

El sistema electoral binominal chileno hace de la democracia chilena una detenida desaparecida. Detenida, porque el forzado empate parlamentario que establece entre las dos mayores corrientes de opinión unido a los altos quórums artificiales de mayorías calificadas para la reforma de la Constitución y de las leyes más importantes, detiene la natural corriente de cambios promovidos por el progreso político, económico y social de la modernidad que alimentan el proceso de democratización.

Desaparecida, porque al vetar a los representantes de la mayoría de quienes votaron en las elecciones del Congreso Nacional su derecho para aprobar las leyes sin el consenso de los representantes de la minoría de los votantes, respecto de las leyes más importantes del país, hace desaparecer el elemento más fundamental y esencial de la democracia que es el gobierno de la mayoría. O el derecho a gobernar de la mayoría de los ciudadanos, directamente o a través de sus representantes.

Secuestrada, porque la democracia desapareció a la fuerza y en forma permanente de la familia chilena. Esto lo niega la derecha tal como negó a los detenidos desaparecidos, cuyo secuestro era, según ellos, falso o “supuesto”. No hay democracia en Chile. Está secuestrada.

El sistema electoral binominal chileno hace de la democracia chilena una ejecutada politica sin juicio.

Ejecutada politica, porque dicho sistema electoral, unido a los pactos electorales y a los altos quórums de reforma- prácticamente mató a la democracia, a la competencia electoral, a la igualdad de oportunidades de los ciudadanos, al sufragio igualitario, a una real alternancia en el poder, a la apertura a corrientes políticas diversas de las 2 grandes coaliciones. Ello se ve claro por la gran apatía electoral, el descrédito del Congreso Nacional y de los partidos políticos según todas las encuestas.

Sin juicio, porque se implementó bajo la dictadura de Pinochet, y fue respaldado por toda la Junta Militar, sin discusión ni participación alguna del pueblo chileno, que no lo conoció sino después de publicado en el Diario Oficial. Y sin apelación. El Tribunal Constitucional, constituido por oficialistas, no le observó ni criticó aún sus disposiciones más abiertamente aberrantes. El sistema electoral binominal fue prácticamente impuesto al pueblo. La democracia no pudo defenderse de este asesinato político-legal-tiránico.

El sistema electoral binominal chileno hace de la democracia chilena una tortura permanente.

Ello porque las ansias de auto-gobierno y autodeterminación del pueblo están enraizadas en lo más profundo del corazón del pueblo y su espíritu y cuerpo no pueden dejar de sufrir dolorosamente en cada evento electoral parlamentario (al menos cada 4 años), al ver que su voluntad de cambios urgentes y de progreso no pueden verse materializadas en el Congreso Nacional, por un sistema inicuo electoral como el binominal por el cual su voluntad ampliamente mayoritaria es burlada por la mecánica del sistema electoral impuesto en dictadura, por la cual la votación de un 66% elige los mismos parlamentarios que un 34%. Por otra parte las minorías de derecha impiden su cambio a futuro usando los mismos parlamentarios y los altos quórums impuestos por el mismo sistema de la misma dictadura de Pinochet. Se crea un círculo vicioso que desanima al pueblo y que está llegando a aniquilar el alma misma democrática del pueblo de Chile por la tortura permanente de la imposibilidad de hacer cambios reales a favor de una mayor justicia y disminución de las desigualdades. Estamos llegando al infierno a cuya entrada el Dante decía: “Los que entran aquí despídanse de toda esperanza de salir”.

El sistema electoral binominal chileno ejecuta en la democracia chilena un crimen contra la humanidad.

Se sabe que los crímenes de desaparición forzada, ejecución política sin juicio y tortura son crímenes de lesa humanidad o contra la humanidad- cuando son ejecutados en forma masiva y sistemática.

Es el caso de la desaparición forzada que podría configurarse con 1000 crímenes como en Chile. Es un delito de una crueldad enorme y la humanidad tiene un gran interés en reprimirlo (resoluciones de ONU), para que no se repita en un país y/o en todos los países del mundo.

Pero, por analogía podemos plantearnos ¿no tiene una gravedad semejante implantar sistemáticamente un sistema electoral binominal en un país que tiene 18 millones de habitantes y que les aniquila una base fundamental de su democracia, su derecho a tener legisladores-auténticos- no binominales-con verdadero poder y autoridad para hacer las leyes?

Hay que liquidar ejemplarmente tal sistema en Chile para que no se repita su atentado contra la democracia en el mismo Chile o en todos los otros países del mundo. Está en juego no sólo la democracia en Chile, sino en el mundo. Ya Chile ha sido bajo la dictadura conejillo de Indias en el caso del sistema neoliberal mundial. ¿Aceptaremos seguirlo siendo también en el caso del binominal con repercusiones en el mundo entero? ¡¡¡Sería un crimen contra la humanidad, sufrido, aceptado y tolerado por los 18 millones de habitantes de Chile!!!

Escrito por Juan Subercaseaux Amenábar

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