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La matanza de Sudáfrica evoca la violencia de los tiempos del “apartheid” (nuevatribuna.es)

La comisaria general de la Policía sudafricana, Riah Phiyega, confirmó las muertes, ocurridas durante unas protestas en la mina de platino de la empresa Lonmin en Marikana, a unos 100 kilómetros de Johannesburgo, donde hubo también 78 heridos.

Esta es la intervención policial más sangrienta que tiene lugar en Sudáfrica desde 1994, cuando acabó el “apartheid”, el régimen impuesto por la minoría blanca sudafricana desde 1949.

Además, un total de 259 personas fueron detenidas por los altercados de Marikana, precisó Phiyega en una rueda de prensa.

La jefa policial subrayó que los agentes tuvieron que “usar la fuerza para protegerse” cuando los mineros, algunos ellos provistos de machetes y armas de fuego, rebasaron un cordón de seguridad.

En el hospital del complejo minero, decenas de personas aguardaban para conocer el estado de los heridos: “aún no sabemos quién está herido o no. La gente no sabe qué ha sido de sus familiares”, dijo a Efe un minero bajo condición de anonimato.

“La Policía tenía instrucciones de disparar contra nosotros. Había algunas personas armadas, pero la mayoría solo llevábamos palos”, relató a Efe otro de los trabajadores de la mina.

La violencia en la mina de platino se había cobrado ya diez víctimas mortales antes de la matanza del jueves, entre ellas dos policías, dos guardias de seguridad y seis mineros, tanto en choques contra la Policía como entre sindicatos rivales.

La Asociación de Trabajadores de la Minería y la Construcción (AMCU), que convocó la huelga en Lonmin para exigir mejoras salariales, pugna con la Unión Nacional de Mineros (NUM), sindicato mayoritario, por atraer más afiliados que su rival en el país.

“Estamos muy tristes por esta pérdida de vidas que podría haberse evitado”, indicó el secretario general de la NUM, Frans Baleni.

La gravedad de los disturbios forzó hoy al presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, a abandonar Maputo, donde debía asistir a la cumbre de la Comunidad para el Desarrollo del África Meridional (SADC), para regresar a su país y hacerse cargo de la crisis.

En un comunicado oficial, Zuma se declaró “conmocionado y consternado por esta violencia sin sentido”, y abogó por “el orden democrático para resolver cualquier disputa mediante el diálogo sin violencia y sin incumplir la ley”.

La respuesta policial desató las críticas de partidos políticos y asociaciones civiles, que reclamaron una investigación del suceso, así como comparaciones con masacres similares del “apartheid” .

El Congreso Nacional Africano (CNA), al que es afín la NUM y que lleva en el poder desde que Nelson Mandela lo llevara a la Presidencia en 1994, reclamó una “investigación exhaustiva” y mostró su consternación por la tragedia.

La Alianza Democrática (DA), principal partido de la oposición, pidió a los sindicatos y la Policía que rebajen la tensión, y subrayó que “las familias de la víctimas y toda la nación tienen derecho a saber que pasó y por qué ocurrió este baño de sangre”.

Por su parte, Lonmin, cuyas acciones llegaron a caer hasta un ocho por ciento tras la masacre, lamentó “profundamente” el suceso, pero puntualizó que “es claramente un asunto de orden público más que de relaciones laborales”.

La muerte de los 34 mineros ha reavivado en Sudáfrica el fantasma de la violencia del “apartheid” y el recuerdo de la matanza de Shaperville de 1960, en la que fallecieron 69 trabajadores por disparos de los agentes del régimen segregacionista.

El diario local “Times” afirmó hoy que las imágenes de Marikana “son horriblemente familiares” y “parecen venir de aquel pasado de Sudáfrica en que los choques entre la Policía y la población civil eran habituales, pero ésta ya no es la época del ‘apartheid”.

Dieciocho años después del fin del “apartheid”, la situación política en Sudáfrica es distinta, pero muchos trabajadores negros, como los mineros, siguen excluidos de los beneficios de la primera economía emergente de África y viven en precariedad.

Para el periódico local “The Sowetan”, la masacre de Marikana deja al descubierto “una bomba de relojería que ha dejado de hacer tic-tac y ha explotado”, en referencia al malestar de los sectores más desfavorecidos de la sociedad sudafricana.

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