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Las perspectivas de Rusia y Europa Oriental para una nueva asociación (La Voz de Rusia)

Y si bien en una serie de casos se hicieron intentos a nivel gubernamentales para restablecer el diálogo, de todos modos no pueden ser considerados exitosos. La situación se encuentra en un “punto muerto”, aunque próximamente puede cambiar.

EEUU está ampliando su presencia en Asia. En la región Asia-Pacífico se concentrará próximamente una gran parte del potencial militar norteamericano. La competencia geopolítica de los norteamericano con China, al que se verán incorporados inevitablemente Rusia, Japón y la India, será el eje decisivo para EEUU por décadas.

Esta tendencia quedó en manifiesto esta semana en las labores del XXII Foro Económico celebrado en la ciudad polaca de Krynica – Zdrój. Europa Oriental realmente está preocupada por su futuro internacional debido a que “desaparece” inevitablemente como prioridad geopolítica de EEUU. Y esto la enfrenta a una opción nada fácil: ¿cómo construir en adelante su política internacional?.

Si echamos un vistazo al pasado, podemos decir con toda seguridad que la crisis de planificación de la política exterior de los países de Europa del Este será difícil de resolver. Estos países hicieron un brusco viraje hacia el lado de Washington en las décadas de 1990 y 2000. La situación alcanzó su apogeo durante la presidencia de George Bush hijo. El entonces secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, inventó su célebre frase “nueva Europa”. De hecho, durante los dos decenios transcurridos desde el fin de la guerra fría, ésta terminó en cualquier parte, pero no en Europa Oriental. Puede decirse que esa región, teniendo en cuenta las complicaciones que EEUU experimentaba en Oriente Próximo, América Latina y el este de Asia, se convirtió en el lugar en que la superpotencia mantenía las posiciones más fuertes.

La llegada de Barack Obama a la Casa Blanca generó los primeros temores de las élites de Europa Oriental, en el sentido de que EEUU puede revisar su política en las relaciones con esos países. En efecto, ante EEUU, cuyos intereses internacionales tienen un carácter global, la orientación hacia Irán, China y Afganistán resultó ser mucho más importante que Europa Oriental. Y en las condiciones del “reinicio de las relaciones”, cuando después de 1991 EEUU se apartó formalmente de la estrategia tácita, pero que en realidad nunca cesó, de disuasión de Rusia, la necesidad de mantener relaciones estrechas con los aliados de Europa del Este quedó en el plano trasero. Se aclaró que esos países desempeñaban en la política exterior de EEUU un único papel – el de ser un instrumento de presión sobre Rusia, a la vez que no alcanzaban a obtener el estatus de socios globales de EEUU.

Por extraño que parezca, la comprensión de la situación conformada y su evaluación pragmática por la jefatura política de los países de Europa Oriental, pueden desempeñar el papel decisivo en el mejoramiento próximo de sus relaciones con Rusia. En las condiciones de la retirada fáctica de EEUU de esa región, que continuará inevitablemente en los próximos años, los ánimos antirrusos en los países de Europa Oriental decrecerán tanto a nivel de la sociedad como de las élites, y aparecerá un estímulo para el fomento del diálogo y después, posiblemente, para el desarrollo de una asociación.

No se excluye que este proceso pueda contar con un respaldo activo de EEUU tras el inevitable triunfo del actual presidente Obama en las elecciones de noviembre. EEUU necesitará cooperar en el plano estratégico con Rusia en muchas direcciones y contribuirá a eliminar muchos problemas de las relaciones ruso-estadounidenses. Al respecto, tampoco se puede excluir el hecho de que, tal como prometiera Barack Obama a Dmitri Medvédev durante el encuentro que sostuvieron en Corea del Sur, la postura norteamericana sobre el escudo antimisiles será mucho más flexible después de 2012.

El cese de facto de la guerra fría entre los países de Europa Oriental y Rusia, y la organización de una cooperación mutuamente provechosa entre ellos facilitarán la desaparición del último relicto de la guerra fría del enfrentamiento bipolar. Y esto se traducirá inevitablemente en un progreso sustancial en la cooperación económica, política y en el ámbito humanitario entre Rusia y sus vecinos de Europa Oriental.

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