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Libia: A un año de las protestas el miedo y la inestabilidad se incrementan

El caos y la tensión prevalecen en Libia mientras se cumple un año del inicio de las protestas en la ciudad de Benghazi que desembocaron en el derrocamiento del líder Muammar Al Gaddafi y su posterior asesinato, el 20 de octubre de 2011.

Bajo el reclamo de libertades democráticas, e impulsados por las masivas protestas en Egipto, Túnez y en otros países de Medio Oriente, en el territorio libio se desplegó una escenario donde injerencia extranjera y violaciones al derecho internacional estuvieron presentes.

Las inestabilidades político-social en los dos principales países fronterizos a Libia (Egipto y Túnez) constituyeron los entornos más favorables para los intereses de las potencias que se decidieron a actuar militarmente para cambiar el régimen político en el país norafricano y asesinar a su líder histórico. La entrada de mercenarios y hasta tropas extranjeras camufladas vía terrestre y aérea ya es un hecho confeso por sus propios protagonistas.

Iniciadas las protestas en Benghazi, el gobierno de Al Gaddafi respondió en un principio con actos de lógica defensa y represión, pero después intentó llamar al diálogo y aplicar tibias reformas que nunca llegaron a concretarse, como tampoco nunca se demostró con pruebas que “el régimen” llegó a bombardear al pueblo.

Para ese momento, Estados Unidos y sus aliados ya habían definido que Libia sería invadida, como sucedió en marzo de 2011, con el argumento de aplicar una “zona de exclusión aérea” aprobada por el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Las cifras luego de nueve meses de bombardeos masivos por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan), estremecen: el propio Consejo Nacional de Transición que impulsó el derrocamiento de Gaddafi, reconoció que los ataques dejaron como saldo entre 30 mil y 50 mil muertos, y cuatro mil desaparecidos.

Tanto el CNT como el gobierno de transición, encabezado por el primer ministro Abdel Rahim Al Keib, siguen prometiendo reformas que todavía no se han hecho realidad en tanto las torturas en las cárceles y maltratos vengativos contra la población son denunciados diariamente hasta por algunas ONG especializadas.

El país del norte de África, que antes de la invasión tenía uno de los mejores niveles de vida del continente, ahora está sumido en enfrentamientos entre las milicias que forzaron la caída del gobierno, además de sufrir la presencia masiva de armas en la población.

Un ejemplo de esta situación se produjo entre el domingo y el miércoles pasado, donde al menos 30 personas murieron por combates entre milicias de las tribus Tubus y Zuwaya en el sureño poblado de Jufra.

Prensa Latina informó que para hoy “no se prepararon fastuosos festejos con el argumento de respetar a miles de libios que murieron en el conflicto”.

La agencia cubana agregó que los sublevados contra Gaddafi “mantienen puestos de control en calles y barrios de Trípoli, Benghazi, la propia Misratah (occidente) y otros poblados, ajenos o en paralelo al mandato del CNT”.

Los grupos irregulares, además del apoyo de la Otan, fueron denunciados por recibir financiamiento extranjero y asistencia de los servicios de inteligencia británicos y estadounidenses, como también de la red terrorista Al Qaeda.

Esto último fue revelado por el propio Gaddafi y después confirmado en investigaciones periodísticas, como la desarrollada por el periodista francés Thierry Meyssan para el portal alternativo Red Voltaire.

Prensa Latina señaló que “la población libia que se mantiene fiel al legado” del líder asesinado “continúa sufriendo hostilidad, discriminación y maltrato”.

Tanto la agencia de noticias como la cadena televisiva Russia Today (RT) coincidieron en que más de ocho mil personas fueron capturadas durante la guerra de agresión y la mayoría continúan presas “en situación humillante”.

RT indicó que en la Libia actual existen “ciudades en ruinas, ilegalidad, falta de seguridad, alta criminalidad, niños fuera de las escuelas y el miedo constante de la población”.

La cadena televisiva citó a Annie Machon, ex agente de la inteligencia británica, quien sostuvo que antes de la caída de Gaddafi “los libios tenían educación y salud gratuitas, podían estudiar en el extranjero y cuando se casaban el Estado les entregaba una suma de dinero”.

A un año de comenzadas las protestas en Libia, el CNT no encuentra ninguna forma de estabilizar al país, sumido en una crisis que, muerto Gaddafi, desapareció automáticamente de las pantallas y salas de redacción de los grandes medios de comunicación.