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La situación de la sequía en Afganistán augura un desastre humanitario (Rebelión)

La sequía que azota actualmente las provincias del norte, noreste y oeste de Afganistán podría provocar una crisis alimentaria a gran escala, por lo cual la comunidad humanitaria debería actuar rápidamente para asegurar que esta situación no degenerara en un desastre, advierten los funcionarios del gobierno y de la ayuda alimentaria.

“El tema es muy grave. Cada nuevo año de sequía o de otro desastre natural pone a millones de seres en situación de inseguridad alimentaría”, dijo Abdul Mayid Qarar, portavoz del Ministerio de Agricultura, Regadío y Ganadería.

Según Oxfam, casi tres millones de personas se enfrentan a graves carencias alimentarias como consecuencia de la sequía que asola catorce de las treinta y cuatro provincias afganas. El 80% de las cosechas de trigo que no disponen de riego, y de las que la gente depende para alimentarse y tener algún ingreso, se han perdido.

“Los gobiernos tienen que despertar ante la gravedad de la crisis y asegurar que están dispuestos a responder antes de que empeore la situación”, dijo el 20 de septiembre Asuntha Charles, directora de Oxfam para Afganistán. “Los retrasos sólo harán las cosas más difíciles para las familias que ya están luchando para sobrellevar la situación… La gente está reduciendo la cantidad de alimento que come y vendiendo lo poco que tiene. Todavía estamos a tiempo de parar esto antes de que se convierta en un desastre, pero sólo si actuamos ya.”

A principios de mes, el Ministerio de Agricultura citaba una cifra mucho menor de afectados, pero empezó a distribuir ayuda a unas 200.000 familias de las provincias de Sheberghan y Jowzjan.

“La sequía ha hecho que las cosechas de cereal sean ínfimas este año, lo cual, según las primeras previsiones, afectará a las vidas y sustento de 1,3-1,5 millones de campesinos y propietarios de ganado por todo el país”, dijo Mohammad Asif Rahimi, Ministro de Agricultura, Regadío y Ganadería.

Los pastos de las áreas afectadas, según Oxfam, han desaparecido completamente y el precio del forraje para animales se ha cuadruplicado en el mercado, obligando a la gente a vender sus animales porque no pueden alimentarles y necesitan dinero para comprar comida para ellos mismos.

En el mes de julio, Oxfam llevó a cabo una evaluación urgente en las provincias de Badajshan, Daykundi y Kandahar, y encontró que alrededor del 50% de la tierra de pastos no tenía apenas hierba ni ninguna otra vegetación.

Otra rápida evaluación realizada a primeros de julio por World Vision en las provincias del noroeste de Badghis y Ghor halló que la falta de lluvia había afectado gravemente a los medios de vida de granjeros y pastores, desencadenando una situación de angustia que llevó a adoptar mecanismos negativos como vender los alimentos disponibles.

“Las intervenciones alrededor de la introducción de variedades mejoradas de semillas y ganado, la diversificación de las fuentes de financiación y la mejora de la infraestructura de regadío son medidas urgentes para mitigar estos problemas recurrentes”, señalaba la evaluación, “para reforzar los recursos de las comunidades y así facilitar la sostenibilidad y resiliencia de los medios de vida con que cuentan los hogares.”

Responsables de la ayuda humanitaria están llevando a cabo una exploración más amplia de la situación por todo Afganistán, de la que pronto se derivará una valoración más detallada, según la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de los Asuntos Humanitarios (OCHA, por sus siglas en inglés).

El promedio que un campo de trigo produce en una tierra irrigada fluctúa entre las 2,7 toneladas por hectárea a las 3,5, frente a las 1,1 toneladas de la tierra regada por la lluvia. En un año normal, el país produce 4,5 millones de toneladas de trigo e importa alrededor de un millón, según el Ministerio de Agricultura. El descenso de 1,9 millones de toneladas de trigo de este año significa que el resto tendrá que importarse o asegurarse por otros medios.

La producción de las cosechas suele fluctuar por todo el país a causa de los desastres naturales estacionales, así como del incremento de la violencia y la inseguridad.

Aunque, según Michael Keating, coordinador humanitario de las Naciones Unidas para Afganistán, podrían evitarse las emergencias crónicas si se abordaran en el momento adecuado y de forma sostenible. En la mayoría de los casos, soluciones duraderas como perforar pozos, reforzar las presas existentes o construir diques podrían asegurar que se pudiera hacer frente y mitigar situaciones complicadas en el futuro.

“Reducir el riesgo de esos desastres es… una cuestión de desarrollo que requiere de urgente atención”, dijo Keating en un discurso el Día Humanitario Mundial.

El conflicto, un factor clave

Frente al continuado conflicto, resulta muy difícil actuar con eficacia, dicen los observadores en Kabul. “En Afganistán se han volcado miles de millones de dólares en búsqueda de soluciones a largo plazo, pero hasta que no se resuelva la cuestión de la seguridad, poco puede conseguirse”, dijo a IRIN un trabajador de la ayuda internacional.

El Índice de Riesgo de la Seguridad Alimentaria que publicó Maplecroft el 31 de agosto sobre 196 países, sitúa a Afganistán en el número 9. Dice que el país se enfrenta a una extrema inseguridad alimentaria y que una de las causas que más está impulsando esta situación es el conflicto y el desplazamiento.

Los trabajadores de la ayuda en Kabul dicen que la inseguridad ha dificultado también el acceso a quienes se encuentran en situación de necesidad en varias provincias de Afganistán, que está matando a campesinos y propietarios de ganado, perturbando el desarrollo de comunidades que solían ser agrícolamente productivas.

2.777 civiles fueron asesinados en 2010, un 15% más que en el año 2009. Los primeros seis meses de este año han sido aún más letales, según la Misión de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA, por sus siglas en inglés), con 1.462 civiles ya asesinados a mediados de julio. Alrededor del 80% de esas muertes se atribuyen a elementos anti-gobierno.

“Los niños, las mujeres y los hombres afganos siguen muriendo y resultando heridos a un nivel alarmante”, dijo Staffan de Mistura, representante especial del Secretario General de las Naciones Unidas. Los dispositivos explosivos improvisados y los ataques-suicida suman casi la mitad de todos los muertos y heridos civiles.

“En algunas áreas incluso puede resultar difícil recoger datos”, dijo un trabajador de campo de una ONG en Kabul. “Hay lugares a los que es casi imposible llegar, así que la única información que conseguimos es de segunda o tercera mano. La situación puede ser totalmente imprevisible.”

Se necesita una nueva racionalidad

La complejidad de la situación exige una nueva racionalidad por parte de humanitarios, donantes y gobiernos, dicen los observadores. La comunidad de la ayuda humanitaria no pierde de vista este hecho.

“Por todo el norte del país, los afganos se enfrenta a una posible crisis humanitaria mientras intentan arreglárselas con la situación de la sequía que ha provocado que se pierda el cien por cien de las cosechas que dependían del agua de lluvia”, dijo Keating el 21 de agosto. “Muchos hogares han perdido el 50% de su ganado debido a la carencia de de agua y alimento para los animales”.

“Las organizaciones humanitarias deben hacer un mejor trabajo asesorando de las necesidades, organizando respuestas coordinadas e informando de la situación humanitaria afgana”, añadió. “También buscamos un compromiso continuado de los donantes para que proporcionen el apoyo adecuado a las necesidades identificadas, incluidas las que se refieren a la actual situación de sequía.”

Según las ONG ActionAid, Afghanaid, Concern Worldwide, Oxfam, Tearfund y ZOA Refugee Care, las respuestas prioritarias no solo deberían centrarse en las necesidades humanitarias, también en reforzar los mecanismos existentes para afrontar las crisis y construir resiliencia comunitaria.

“La respuesta internacional a esta crisis se ha puesto en marcha muy lentamente sobre el terreno”, dijeron la seis ONG en un comunicado conjunto del 31 de agosto. Las intervenciones planificadas deberían fortalecer las estructuras de los mercados locales para enfrentar la situación, si no nos arriesgamos a exacerbar la dependencia de la ayuda humanitaria que además daña los negocios locales.

“Ha habido un apoyo muy limitado a la introducción de cosechas resistentes a la sequía, a medios de vida que no se basen en la agricultura, como la ganadería y otros sectores”, señalaban las ONG.

La inadecuada atención, alegan, que se ha prestado a la gestión de los recursos naturales, ha provocado una situación en la cual en muchas de las zonas afectadas por la sequía, se disponía del agua de los ríos, que no se utilizaba para regar debido a que no se habían instalado los necesarios sistemas para hacerlo.

“Hay que aprender la lección”, añadían, “a las comunidades no sólo hay que ayudarlas para que se recuperen de la actual crisis sino para que aumenten sus capacidades para resistir frente a futuras situaciones problemáticas y para que a largo plazo se reduzca su dependencia de la ayuda humanitaria.”

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